Hoy quiero hablarte de una trampa mental que sufren casi todas las mujeres que acompaño… y que yo también viví durante años.
La trampa del todo o nada.
Ese lugar donde solo existen dos estados posibles:
O lo hago perfecto…
o ya lo he estropeado todo.
Y claro, ¿qué ocurre cuando vives así?
Que cualquier pequeño desajuste - una comida más copiosa fuera del “plan”, un día sin entrenar, un dulce por la tarde - se convierte automáticamente en una excusa para rendirte.
Y mentalmente te aparece la frase que tanto daño te hace:
“Bueno… ya empezaré el lunes.”
La conoces, ¿verdad?
Y hasta el lunes… te sientes caótica, desordenada y poco conectada con tus necesidades reales y autocuidado.
Déjame contarte algo:
El “todo o nada” no te protege.
Te paraliza.
Te mantiene en un bucle donde solo avanzas cuando te sientes perfecta, y en cuanto aparece una mínima imperfección… te hundes.
¿Y sabes qué es lo más duro?
Que tu vida no es perfecta.
Tu agenda no es perfecta.
Tu energía no es perfecta.
Entonces, ¿cómo vas a cuidarte desde un estándar que ni siquiera puedes sostener?
El “todo o nada” no se basa en disciplina.
Es miedo: miedo a fallar, miedo a no ser suficiente, miedo a que si no haces todo perfecto… no vale la pena intentarlo.
Pero te voy a decir algo…
No estás fallando.
Estás intentando cuidarte desde un lugar que no es humano ni realista.
Nadie puede ser constante cuando se exige perfección.
La constancia solo existe cuando aceptas que habrá días buenos, días malos y días en los que simplemente haces lo que puedes.
Ese es el punto clave:
Aprender a moverte entre los grises.
Así es como se rompe esta trampa mental:
1. Permitiéndote días (o ratos) imperfectos sin volver al inicio.
No tienes que empezar de cero cada lunes.
Puedes continuar desde donde estás.
Aunque ayer el día fuese un caos.
2. Decidiendo que un “desliz” no arruina tu proceso.
Una comida más copiosa, un dulce, un impulso…
No definen nada.
No borran tu trabajo.
No hablan de ti.
3. Reemplazando el “hoy la he liado” por “hoy he hecho lo que he podido”.
Es la misma situación, pero una te condena… y la otra te permite avanzar.
4. Construyendo hábitos realistas, no perfectos.
Los grises son el lugar donde realmente ocurre el cambio.
El lunes no es mágico.
Tú sí, cuando decides no rendirte por un mal momento.
Si estás cansada de empezar de cero, intenta algo distinto esta semana:
no empezar, sino continuar.
Incluso si hoy no salió como querías.
Cuéntame, ¿eres de las que “empieza el lunes”?
Si quieres seguir aprendiendo sobre salud y bienestar, apúntate a mi Newsletter: