Llega agosto.
Y para muchas de nosotras, esto significa viajes y salidas de nuestra rutina.
Escapadas, cenas de chiringuito, desconexión y descanso.
Curiosamente, aquello que tanto deseamos durante todo el año, al mismo tiempo nos hace sentir inseguras y con miedo a salir de nuestra rutina.
¿A ti también te pasa?
¿Has vuelto de unos días fuera y te sientes rara?
¿Como si algo en ti se hubiera “descontrolado”?
¿Como si el cuerpo pesara más y tu mente también?
Te entiendo mucho.
Es muy común volver de vacaciones o de un fin de semana largo y entrar de cabeza a esta idea:
“Ahora tengo que compensar.”
A mí también me pasaba.
Durante muchos años, yo también volvía de vacaciones con el piloto automático del castigo encendido:
Más ejercicio, menos comida, mucha culpa.
Como si tuviera que “arreglarme” tras haberla liado.
Pero realmente, esto no iba así.
Y además, no funcionaba.
Me pasaba unos días intentando hacer “detox” y al final acababa comiendo de forma compulsiva alimentos que no me hacían sentir bien.
Y vuelta a empezar con el círculo vicioso de restricción - atracón.
Asi que, amiga, no tienes que arreglar nada.
Solo necesitas acompañarte en la vuelta a tu rutina.
Volver a ti, sin boicotearte. Sin exigencia.
Por esto, hoy te quiero dar 3 consejos para ayudarte a volver a tu rutina tras un viaje con más calma y menos castigo:
1. No compenses. Regula.
Sé que la tentación está ahí: hacer un día de “detox”, saltarte comidas, entrenar el doble.
Pero eso solo alimenta la culpa y el círculo vicioso de atracón - restricción.
En lugar de castigar lo vivido, observa cómo estás hoy.
- ¿Te sientes hinchada? Dale prioridad a comer alimentos frescos, beber más agua, y moverte de forma “amable”.
- ¿Estás cansada? Haz una vuelta a la rutina progresiva. Descansa antes de forzarte a “retomar todo de golpe” (no todo es blanco o negro, en los grises se encuentra la libertad)
- ¿Tu digestión está más lenta? Camina suave, toma infusiones digestivas, come con presencia.
No pienses en lo que “deberías” hacer.
Pregúntate qué necesitas hoy para sentirte un poquito mejor.
2. Recupera tus hábitos como si fueran anclas, no cadenas.
Tus rutinas no son castigo.
Son estructura. Sostén. Refugio.
Volver a preparar tu desayuno con mimo, hacer tu compra consciente, hidratarte bien, salir a caminar… no es “para compensar”.
Es para volver a ti.
A ese ritmo que te ayuda a sentirte más conectada contigo.
Pregúntate: ¿qué pequeño hábito me hace bien y puedo recuperar hoy sin exigirme hacerlo todo perfecto?
3. No te peses. Obsérvate.
La báscula no mide cómo estás.
Y menos después de un viaje: retienes líquidos, comes distinto, duermes diferente.
Tu cuerpo cambia temporalmente.
Si necesitas una referencia, que no sea el número de la báscula.
Que sea tu energía, tu digestión, tu diálogo interno.
¿Cómo te hablas hoy al mirarte al espejo?
¿Puedes hablarte como hablarías a una amiga que vuelve cansada, pero feliz de haber vivido una bonita experiencia?
Volver de vacaciones no es empezar de cero.
Es seguir desde otro lugar.
Con más permiso. Con más conciencia. Con menos guerra.
Y si hoy no sabes por dónde empezar…
empieza por no castigarte.
Tu cuerpo no hizo nada malo.
Solo intentó disfrutar. Sobrevivir. Adaptarse.
Ahora te toca a ti sostenerlo con ternura.
Si quieres seguir aprendiendo sobre salud y bienestar, apúntate a mi Newsletter: