¿Cuántas veces te has dicho en silencio “otra vez la he liado” tras sentir que has comido de más?
Esa sensación de haber comido con mucha ansiedad, de perder el control, y de prometerte que “mañana empiezo”.
Te entiendo.
Yo también he estado ahí.
Y durante mucho tiempo pensé que la solución era controlarme más, comer menos, tener más fuerza de voluntad.
Hasta que me di cuenta de algo importante: el problema no era falta de control, era falta de comprensión de mis emociones.
Comer de más no te hace débil.
Es una forma de calmar algo que en ese momento no sabes cómo sostener.
A veces es cansancio.
O soledad.
O simplemente la necesidad de sentir algo que te devuelva al presente.
El problema no está en la comida. Ésta es la que te mantiene viva y nutrida.
El problema está en que sea tu única forma de regularte emocionalmente.
Y en la forma en la que te hablas después.
Porque cada vez que te castigas, te alejas un poco más de ti misma.
Y cuanto más te exiges, más te desconectas.
Sanar tu relación con la comida empieza cuando aprendes a acompañarte incluso en esos momentos.
No cuando consigues comer perfecto, sino cuando puedes mirarte sin juicio para descubrir qué emociones estás intentando gestionar o tapar.
Para eso, quiero darte tres sencillos consejos que pueden ayudarte la próxima vez que te sientas así:
1. Para y respira antes de culparte.
Coloca una mano sobre el pecho y otra sobre el abdomen.
Respira hondo.
Y repite en silencio: “Esto también forma parte de mi proceso”.
No necesitas castigarte.
Solo reconocer que estás aprendiendo.
2. Cambia la pregunta.
En lugar de “¿por qué he comido tanto?”, prueba con “¿qué necesitaba realmente en ese momento?”.
Tal vez descanso.
Tal vez calma.
Tal vez cariño.
Darte esa respuesta —aunque sea un poquito— tiene mucho más valor para recuperarte que centrarte en intentar compensarlo después.
3. Cierra el momento con amabilidad.
Después de comer de forma ansiosa, no te centres en machacarte y en revisar “cuánto he comido”.
Haz algo que te devuelva a ti: lávate los dientes con música tranquila, sal a dar un paseo o date una ducha reconfortante.
Cada vez que haces esto, creas una nueva forma de relacionarte contigo.
Y poco a poco, esa voz dura que te critica se va suavizando.
Comer de más no te define.
Lo que te define es la manera en la que decides acompañarte después.
Ese es el verdadero cambio.
Si quieres seguir aprendiendo sobre salud y bienestar, apúntate a mi Newsletter: