Por qué te cuidas menos justo cuando más lo necesitas

Hay días en los que no te tratas bien.

Te hablas con dureza. 

Te exiges demasiado. 

Cometes un error y te castigas mentalmente durante horas.

Y en esos días, algo curioso pasa con la comida.

No comes peor porque tengas más hambre. 

Comes peor porque en algún lugar dentro de ti hay una voz que dice: para qué cuidarme, si hoy no me lo merezco.

No lo piensas así de claro. Pero el trasfondo es ése.

Y entonces te comes lo que no comerías en otro momento. 

No porque tu cuerpo lo pida. 

Sino porque usas la comida como castigo.

Es mucho más común de lo que parece.

Funciona al revés que el "me lo merezco". 

No buscas la comida para premiarte. 

La usas para confirmar lo que ya crees de ti misma en ese momento: que como no lo estás haciendo bien, no te mereces lo bueno.

Es una forma de maltrato que pasa muchas veces desapercibida.

Se habla mucho de comer por ansiedad, por aburrimiento, por estrés. 

Pero casi nadie habla de comer como forma de castigarse. De sabotearse justo cuando más te necesitas.

El problema no es lo que comes esos días. 

El problema es lo que crees que mereces.

Y eso no se arregla con más disciplina. 

Se arregla aprendiendo a tratarte igual cuando las cosas van mal que cuando van bien.

Aquí tienes formas muy prácticas de empezar a hacerlo:

  1. Aprende a reconocer el patrón. 

La próxima vez que comas algo y notes que no era lo que querías, pregúntate: ¿cómo me estaba hablando antes de esto? Muchas veces el descontrol con la comida es el espejo de cómo te estás tratando por dentro.

  1. Cuidarte no es un premio. Es una constante. 

Mereces comer bien cuando las cosas van bien. Y también cuando van mal. Especialmente cuando van mal. El autocuidado no se gana. Te mereces cuidarte independientemente de cómo haya ido el día.

  1. Cambia la pregunta. 

En lugar de "¿qué me apetece comer?" pregúntate "¿qué necesito ahora mismo?". 

A veces es comida. Muchas veces es descanso, calma, o simplemente que alguien te diga que está bien no estar bien.

  1. Observa tu diálogo interno antes de comer.

 No siempre. Solo los días difíciles. ¿Con qué palabras te estás hablando? ¿Le hablarías así a alguien que quieres?

  1. Entiende que el sabotaje no es accidental. 

No comes “mal” esos días por casualidad. Tu cabeza está buscando coherencia: si me siento mal, actúo como alguien que se siente mal. Romper ese ciclo empieza por darte cuenta de que está pasando.

Esta semana fíjate en cómo te tratas los días difíciles. 

No en lo que comes. En lo que te dices.

Porque muchas veces la comida no es el problema.

Es el reflejo de cómo te estás mirando a ti misma.

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