Cuando esté delgada…
Iré a la playa.
Me compraré ropa bonita.
Saldré en las fotos.
Me permitiré “vivir”.
Y mientras tanto…
Los años pasan.
Las oportunidades vuelan.
Los hijos crecen.
Y nos condenamos a una cárcel invisible que nos pesa cada vez más.
Te entiendo perfectamente.
Sé lo que es estar años sin querer que me hicieran fotos.
Sin ir a la playa por no ponerme un bikini.
Diciendo “NO” a muchos planes por sentirme fatal con mi cuerpo.
Por no sentirme suficiente.
Y fantaseando con un “mañana” perfecto donde estaría delgada y todo iría bien.
Como si el hecho de adelgazar fuera el elixir de todo mi malestar (spoiler: no es así, sino todas las personas delgadas serían felices).
Te abrazo mucho mucho mucho.
No estás sola en esta cárcel invisible.
Y sólo quiero decirte que la llave para salir de ésta no es la restricción y la obsesión.
La llave está en aprender a leer tus emociones y en salir de la “mentalidad dieta”.
Los lunes no son para “empezar a cuidarte”.
No hay nada que empezar, porque la salud (tanto física como mental) no funciona así.
Funciona en los grises, en permitirnos vivir y escuchar nuestras emociones.
Porque lo que no expresamos y no nos permitimos… acaba saliendo en forma de atracones o de autocastigo.
No digo que me creas.
Sólo permítete durante unos días explorar ese gris y valorar cómo te sientes.
Ir a esa cena con amigas aunque te sientes regular emocionalmente.
Comprarte alguna pieza de ropa que te guste.
Hacerte fotos bonitas.
VIVIR.
(Porque, por suerte o por desgracia, no somos inmortales y no tenemos garantías de que mañana el vals siga sonando y podamos bailar bajo la lluvia).
No permitas que la báscula gobierne tu vida.
Gobiérnate TÚ.
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