Estos días, aparte de mil trámites (se avecina un cambio de vida, te contaré prontito), estoy pasando mucho más tiempo en la naturaleza que habitualmente.
Y, cada vez que estoy entre montañas, siento que mis problemas se hacen más pequeños.
No porque desaparezcan, sino porque cogen otra perspectiva.
La naturaleza tiene eso: te devuelve al cuerpo, te saca de la cabeza.
Y cuando estamos menos en la cabeza… también hay menos ruido con la comida.
Estos son algunos de los beneficios reales de pasar tiempo en la naturaleza (y que puedes notar tú también):
- Te calma por dentro.
El simple hecho de escuchar pájaros, el viento o el mar baja los niveles de estrés.
¿Y sabes qué pasa cuando baja el estrés?
Que el hambre emocional también se calma. - Te recuerda que eres parte de algo más grande.
Cuando miras un árbol o una montaña, tu barriga ya no es tan importante.
El espejo deja de ser el centro del mundo (aunque sea solo por un ratito). - Te devuelve a los sentidos.
El olor de la tierra mojada, el sol en la piel, la textura de la arena…
Eso también es mindfulness.
Y entrenar esa presencia hace más fácil comer con calma después. - Te ayuda a relativizar.
Un paseo por el campo te recuerda que tu valor no se mide en calorías.
Que la vida es más grande que tu plato.
Te propongo este ejercicio sencillo para esta semana:
- Sal a caminar (aunque sean 10 minutos).
- Deja el móvil en silencio.
- Elige un sentido al que prestar atención: solo el sonido, solo el olor, solo el tacto.
- Y respira.
No tienes que hacer nada más.
Solo estar.
La naturaleza se encarga del resto.
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La próxima vez que te sientas desbordada, antes de ir a la nevera, prueba a abrir la ventana, a salir al balcón, o dar un paseo en un parque cercano.
Notarás un cambio.
No es magia.
Es volver a ti a través de lo más simple: lo natural.
PD: No necesitas un retiro en la montaña para sentir paz. A veces basta con mirar el cielo un minuto.
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